bepSALUT

.

ene.
22
2019

Posted 3 years 207 days ago ago by M. ISABEL AREVALO MASERO

Mariola Bernal Solano

Doctora en Antropología Médica. Universitat Rovira i Virgili.

Consultora en Estudios de Salud.

El interés por la espiritualidad y su influencia en la salud ha emergido con fuerza en los últimos años como dimensión fundamental y necesaria en el objetivo de mejorar la calidad y sostenibilidad de los servicios sanitarios mediante un cuidado integral, centrado en el paciente y con compasión. Avanzamos así hacia una comprensión holística de la salud al reconocer su naturaleza tetra dimensional: física, emocional, social y espiritual. La dimensión espiritual, hasta ahora únicamente reconocida en el final de la vida, es hoy reclamada para su integración de forma transversal a todas las fases y niveles de la asistencia sanitaria. La OMS ha comenzado a señalar su utilidad como enfoque preventivo, diagnóstico y de rehabilitación, a la vez que pone de manifiesto el ahorro que supondría una atención integral en el gasto de los gobiernos.

Un indicador de este interés es la cantidad de centros de investigación en salud, espiritualidad y religión que han surgido en las últimas décadas principalmente en el mundo anglosajón. Derivando en un aumento exponencial del número de publicaciones científicas, la evidencia confirma que la espiritualidad es una necesidad del paciente, que afecta a las decisiones sobre el cuidado de su salud, al curso de su enfermedad, y a su calidad de vida, entre otras. La masa de conocimiento generada por estas investigaciones está facilitando su incorporación de forma progresiva a la atención sanitaria de algunos países. Ejemplos de ello son la elaboración de la historia espiritual de los pacientes, la inclusión de consejeros espirituales en los equipos médicos, la creación de espacios interreligiosos en los dispositivos sanitarios o de programas de yoga y/o meditación como parte del tratamiento de muchas enfermedades crónicas, tanto en hospitales como en centros de salud. Todo ello ocurre a la par que la formación en espiritualidad de los profesionales sanitarios. Mientras que la mayoría de las universidades de medicina norteamericanas incluyen en el curriculum académico la formación en espiritualidad, en nuestro país es un tema cuyo interés apenas comienza a emerger.

Existe la necesidad de desmitificar la palabra espiritualidad, para dejar de identificarla únicamente con religión y liberarla de unas connotaciones que la han ido distanciando de la ciencia y la medicina occidental a la que hasta hace no tanto estuvo ligada. De hecho, las principales limitaciones que encuentran los estudios –mayormente cuantitativos- en la materia se centran en torno a la necesidad de una definición ampliamente consensuada de espiritualidad, y estrechamente ligada con esto, al desarrollo de los instrumentos metodológicos que capten con mayor precisión esta dimensión. Ante la imparable y copiosa construcción de escalas que intentan medir las relaciones entre espiritualidad y salud, el abordaje cualitativo se presenta como especialmente valioso para ahondar en una mayor comprensión desde un enfoque diacrónico y basado en la subjetividad. 

No estamos hablando de un tema nuevo, sino de una dimensión olvidada. El desarrollo de la biomedicina y la tecnología médica en el mundo occidental ha conducido a progresos indiscutibles en nuestros niveles de salud, pero también se ha tropezado con limitaciones que tienen que ver con el anteponer la enfermedad a la persona enferma, el tratamiento al trato, el médico al paciente, y, por ende, el cuerpo al alma. Tenemos ahora en nuestras manos la misión de recuperar una parte esencial de nosotros, y construir así una mejor asistencia sanitaria para todos.


Foto_MBS_1.png


Libros, artículos e informes

COVID-19: a guide to good practice on keeping people well informed 

G. del Pozo, J. ¿Cómo sería una respuesta comunitaria al coronavirus?

How the COVID-19 Lockdown Affected Gender Inequality in Paid and Unpaid Work in Spain

Padilla J. ¿A quién vamos a dejar morir? Madrid: Capitán Swing; 2019. 176 p.


NOTA: bepSALUT pone estos contenidos a disposición pública con finalidades de información e investigación. En ningún caso se hace responsable de las informaciones, opiniones o conceptos que se expresan en ellos.


 

  Càtedra de Promoció de la Salut

  C/ Pic de Peguera, 15 

  Parc Científic i Tecnològic
  17003  Girona

  Tel. 972 41 47 29

  catedrapromociosalut@udg.edu

 

 

  Amb el suport de 

 

Editorial

ene.
22
2019

Posted 3 years 207 days ago ago by M. ISABEL AREVALO MASERO

Mariola Bernal Solano

Doctora en Antropología Médica. Universitat Rovira i Virgili.

Consultora en Estudios de Salud.

El interés por la espiritualidad y su influencia en la salud ha emergido con fuerza en los últimos años como dimensión fundamental y necesaria en el objetivo de mejorar la calidad y sostenibilidad de los servicios sanitarios mediante un cuidado integral, centrado en el paciente y con compasión. Avanzamos así hacia una comprensión holística de la salud al reconocer su naturaleza tetra dimensional: física, emocional, social y espiritual. La dimensión espiritual, hasta ahora únicamente reconocida en el final de la vida, es hoy reclamada para su integración de forma transversal a todas las fases y niveles de la asistencia sanitaria. La OMS ha comenzado a señalar su utilidad como enfoque preventivo, diagnóstico y de rehabilitación, a la vez que pone de manifiesto el ahorro que supondría una atención integral en el gasto de los gobiernos.

Un indicador de este interés es la cantidad de centros de investigación en salud, espiritualidad y religión que han surgido en las últimas décadas principalmente en el mundo anglosajón. Derivando en un aumento exponencial del número de publicaciones científicas, la evidencia confirma que la espiritualidad es una necesidad del paciente, que afecta a las decisiones sobre el cuidado de su salud, al curso de su enfermedad, y a su calidad de vida, entre otras. La masa de conocimiento generada por estas investigaciones está facilitando su incorporación de forma progresiva a la atención sanitaria de algunos países. Ejemplos de ello son la elaboración de la historia espiritual de los pacientes, la inclusión de consejeros espirituales en los equipos médicos, la creación de espacios interreligiosos en los dispositivos sanitarios o de programas de yoga y/o meditación como parte del tratamiento de muchas enfermedades crónicas, tanto en hospitales como en centros de salud. Todo ello ocurre a la par que la formación en espiritualidad de los profesionales sanitarios. Mientras que la mayoría de las universidades de medicina norteamericanas incluyen en el curriculum académico la formación en espiritualidad, en nuestro país es un tema cuyo interés apenas comienza a emerger.

Existe la necesidad de desmitificar la palabra espiritualidad, para dejar de identificarla únicamente con religión y liberarla de unas connotaciones que la han ido distanciando de la ciencia y la medicina occidental a la que hasta hace no tanto estuvo ligada. De hecho, las principales limitaciones que encuentran los estudios –mayormente cuantitativos- en la materia se centran en torno a la necesidad de una definición ampliamente consensuada de espiritualidad, y estrechamente ligada con esto, al desarrollo de los instrumentos metodológicos que capten con mayor precisión esta dimensión. Ante la imparable y copiosa construcción de escalas que intentan medir las relaciones entre espiritualidad y salud, el abordaje cualitativo se presenta como especialmente valioso para ahondar en una mayor comprensión desde un enfoque diacrónico y basado en la subjetividad. 

No estamos hablando de un tema nuevo, sino de una dimensión olvidada. El desarrollo de la biomedicina y la tecnología médica en el mundo occidental ha conducido a progresos indiscutibles en nuestros niveles de salud, pero también se ha tropezado con limitaciones que tienen que ver con el anteponer la enfermedad a la persona enferma, el tratamiento al trato, el médico al paciente, y, por ende, el cuerpo al alma. Tenemos ahora en nuestras manos la misión de recuperar una parte esencial de nosotros, y construir así una mejor asistencia sanitaria para todos.


Foto_MBS_1.png


Recomendamos


Os recomencamos el vídeo del Webinar "Transformaciones postconfinamiento. ¿Y ahora qué?"

Números anteriores

Todas las entradas

Artículos

Salud espiritual. Salud y práctica

Mariola Bernal Solano

Doctora en Antropología Médica. Universitat Rovira i Virgili.

Consultora en Estudios de Salud.

El interés por la espiritualidad y su influencia en la salud ha emergido con fuerza en los últimos años como dimensión fundamental y necesaria en el objetivo de mejorar la calidad y sostenibilidad de los servicios sanitarios mediante un cuidado integral, centrado en el paciente y con compasión. Avanzamos así hacia una comprensión holística de la salud al reconocer su naturaleza tetra dimensional: física, emocional, social y espiritual. La dimensión espiritual, hasta ahora únicamente reconocida en el final de la vida, es hoy reclamada para su integración de forma transversal a todas las fases y niveles de la asistencia sanitaria. La OMS ha comenzado a señalar su utilidad como enfoque preventivo, diagnóstico y de rehabilitación, a la vez que pone de manifiesto el ahorro que supondría una atención integral en el gasto de los gobiernos.

Un indicador de este interés es la cantidad de centros de investigación en salud, espiritualidad y religión que han surgido en las últimas décadas principalmente en el mundo anglosajón. Derivando en un aumento exponencial del número de publicaciones científicas, la evidencia confirma que la espiritualidad es una necesidad del paciente, que afecta a las decisiones sobre el cuidado de su salud, al curso de su enfermedad, y a su calidad de vida, entre otras. La masa de conocimiento generada por estas investigaciones está facilitando su incorporación de forma progresiva a la atención sanitaria de algunos países. Ejemplos de ello son la elaboración de la historia espiritual de los pacientes, la inclusión de consejeros espirituales en los equipos médicos, la creación de espacios interreligiosos en los dispositivos sanitarios o de programas de yoga y/o meditación como parte del tratamiento de muchas enfermedades crónicas, tanto en hospitales como en centros de salud. Todo ello ocurre a la par que la formación en espiritualidad de los profesionales sanitarios. Mientras que la mayoría de las universidades de medicina norteamericanas incluyen en el curriculum académico la formación en espiritualidad, en nuestro país es un tema cuyo interés apenas comienza a emerger.

Existe la necesidad de desmitificar la palabra espiritualidad, para dejar de identificarla únicamente con religión y liberarla de unas connotaciones que la han ido distanciando de la ciencia y la medicina occidental a la que hasta hace no tanto estuvo ligada. De hecho, las principales limitaciones que encuentran los estudios –mayormente cuantitativos- en la materia se centran en torno a la necesidad de una definición ampliamente consensuada de espiritualidad, y estrechamente ligada con esto, al desarrollo de los instrumentos metodológicos que capten con mayor precisión esta dimensión. Ante la imparable y copiosa construcción de escalas que intentan medir las relaciones entre espiritualidad y salud, el abordaje cualitativo se presenta como especialmente valioso para ahondar en una mayor comprensión desde un enfoque diacrónico y basado en la subjetividad. 

No estamos hablando de un tema nuevo, sino de una dimensión olvidada. El desarrollo de la biomedicina y la tecnología médica en el mundo occidental ha conducido a progresos indiscutibles en nuestros niveles de salud, pero también se ha tropezado con limitaciones que tienen que ver con el anteponer la enfermedad a la persona enferma, el tratamiento al trato, el médico al paciente, y, por ende, el cuerpo al alma. Tenemos ahora en nuestras manos la misión de recuperar una parte esencial de nosotros, y construir así una mejor asistencia sanitaria para todos.



Notícias