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sep.
07
2012

Posted 10 years 25 days ago ago by MARIA BUXÓ CASTAÑER

Enric Llorca Ibáñez, médico y Alcalde de Sant Andreu de la Barca, ex-presidente de la Red Española de Ciudades Saludables

 

Ciutats SaludablesRepetidamente se pone énfasis en la importancia de la promoción de la salud y desde distintos ámbitos hemos defendido que las actuaciones que impulsan conductas saludables, mejoran los hábitos de alimentación, que promuevan la práctica del ejercicio físico de forma habitual o configuren un espacio físico saludable, eran esenciales para prolongar la vida con un nivel aceptable de calidad.

 En tiempos de crisis, en los que racionamientos económicos justifican cualquier tipo de medida que suponga una reducción presupuestaria, sin tener en cuenta el impacto que generan sobre la salud o la calidad en los servicios asistenciales, la promoción de la salud esta más que nunca en peligro. Existen evidencias que demuestran que las actividades que impulsan la promoción de la salud generan una mejora de los indicadores de esperanza de vida y la calidad de vida con la que se envejece. El hecho que los resultados sean a largo término y que requieran espacios de tiempo para poder establecer el coste-beneficio de sus actuaciones, es un elemento que favorece que, basándose en criterios economicistas, se recorten los presupuestos sobre los que se sustentan estas actuaciones.

Hoy más que nunca es necesario reivindicar la continuidad de las políticas que tienen como eje la promoción de la salud desde todos los estamentos públicos, tanto estatales, autonómicos y sobretodo, des del ámbito municipal.

Debemos luchar contra este concepto de salud pública que se sustenta en los ámbitos de la prevención y la protección dejando de lado la promoción de la salud.

Somos muchos los que sin dejar de reconocer la importancia de las actividades de estos ámbitos de prevención y protección de la salud, abogamos por un concepto de la salud pública en la que la promoción de la salud es un pilar básico que mejora la calidad de vida de nuestros ciudadanos, a la vez que un instrumento de demostrada eficiencia económica.

Tenemos que diseñar ciudades que permitan la intercomunicación, con espacios públicos de calidad que permitan la relación entre los ciudadanos y que estos realicen actividades físicas sin estar cerrados en polideportivos. Debemos continuar estimulando que los hábitos de nuestros ciudadanos en relación a la alimentación o el consumo de alcohol o tabaco estén en concordancia con una vida saludable.

No tenemos que renunciar a que en cualquier época de la vida podamos impulsar cambios en las conductas y, sobretodo, a fomentar que los ciudadanos se corresponsabilicen en su propia salud, estimulando el empoderamiento personal

Es esta una responsabilidad que en ningún caso seria justificable renunciar, y que puede suponer ahorrar hoy para aumentar el coste mañana, una irresponsabilidad evidente.

Nos ha costado muchos años configurar una sanidad pública de calidad en nuestro país y no podemos dejar en manos de la iniciativa privada, sujeta a intereses económicos, la salud de nuestros ciudadanos. En una sociedad en la que prima la inmediatez de los resultados, desde la experiencia hemos de modular esta tendencia, asumiendo las instituciones públicas las inversiones en salud a medio y a largo plazo que supongan actividades de promoción de la salud, como un elemento más de la mejora y eficiencia en el ámbito de la salud pública.

Y es por todo esto que desde los municipios tenemos que mantener levantada la bandera de la promoción de la salud como estandarte inamovible en tiempos de crisis.

 

 


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Libros, artículos e informes

COVID-19: a guide to good practice on keeping people well informed 

G. del Pozo, J. ¿Cómo sería una respuesta comunitaria al coronavirus?

How the COVID-19 Lockdown Affected Gender Inequality in Paid and Unpaid Work in Spain

Padilla J. ¿A quién vamos a dejar morir? Madrid: Capitán Swing; 2019. 176 p.


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Editorial

sep.
07
2012

Posted 10 years 25 days ago ago by MARIA BUXÓ CASTAÑER

Enric Llorca Ibáñez, médico y Alcalde de Sant Andreu de la Barca, ex-presidente de la Red Española de Ciudades Saludables

 

Ciutats SaludablesRepetidamente se pone énfasis en la importancia de la promoción de la salud y desde distintos ámbitos hemos defendido que las actuaciones que impulsan conductas saludables, mejoran los hábitos de alimentación, que promuevan la práctica del ejercicio físico de forma habitual o configuren un espacio físico saludable, eran esenciales para prolongar la vida con un nivel aceptable de calidad.

 En tiempos de crisis, en los que racionamientos económicos justifican cualquier tipo de medida que suponga una reducción presupuestaria, sin tener en cuenta el impacto que generan sobre la salud o la calidad en los servicios asistenciales, la promoción de la salud esta más que nunca en peligro. Existen evidencias que demuestran que las actividades que impulsan la promoción de la salud generan una mejora de los indicadores de esperanza de vida y la calidad de vida con la que se envejece. El hecho que los resultados sean a largo término y que requieran espacios de tiempo para poder establecer el coste-beneficio de sus actuaciones, es un elemento que favorece que, basándose en criterios economicistas, se recorten los presupuestos sobre los que se sustentan estas actuaciones.

Hoy más que nunca es necesario reivindicar la continuidad de las políticas que tienen como eje la promoción de la salud desde todos los estamentos públicos, tanto estatales, autonómicos y sobretodo, des del ámbito municipal.

Debemos luchar contra este concepto de salud pública que se sustenta en los ámbitos de la prevención y la protección dejando de lado la promoción de la salud.

Somos muchos los que sin dejar de reconocer la importancia de las actividades de estos ámbitos de prevención y protección de la salud, abogamos por un concepto de la salud pública en la que la promoción de la salud es un pilar básico que mejora la calidad de vida de nuestros ciudadanos, a la vez que un instrumento de demostrada eficiencia económica.

Tenemos que diseñar ciudades que permitan la intercomunicación, con espacios públicos de calidad que permitan la relación entre los ciudadanos y que estos realicen actividades físicas sin estar cerrados en polideportivos. Debemos continuar estimulando que los hábitos de nuestros ciudadanos en relación a la alimentación o el consumo de alcohol o tabaco estén en concordancia con una vida saludable.

No tenemos que renunciar a que en cualquier época de la vida podamos impulsar cambios en las conductas y, sobretodo, a fomentar que los ciudadanos se corresponsabilicen en su propia salud, estimulando el empoderamiento personal

Es esta una responsabilidad que en ningún caso seria justificable renunciar, y que puede suponer ahorrar hoy para aumentar el coste mañana, una irresponsabilidad evidente.

Nos ha costado muchos años configurar una sanidad pública de calidad en nuestro país y no podemos dejar en manos de la iniciativa privada, sujeta a intereses económicos, la salud de nuestros ciudadanos. En una sociedad en la que prima la inmediatez de los resultados, desde la experiencia hemos de modular esta tendencia, asumiendo las instituciones públicas las inversiones en salud a medio y a largo plazo que supongan actividades de promoción de la salud, como un elemento más de la mejora y eficiencia en el ámbito de la salud pública.

Y es por todo esto que desde los municipios tenemos que mantener levantada la bandera de la promoción de la salud como estandarte inamovible en tiempos de crisis.

 

 


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La promoción de la salud en tiempos de crisis

Enric Llorca Ibáñez, médico y Alcalde de Sant Andreu de la Barca, ex-presidente de la Red Española de Ciudades Saludables

 

Ciutats SaludablesRepetidamente se pone énfasis en la importancia de la promoción de la salud y desde distintos ámbitos hemos defendido que las actuaciones que impulsan conductas saludables, mejoran los hábitos de alimentación, que promuevan la práctica del ejercicio físico de forma habitual o configuren un espacio físico saludable, eran esenciales para prolongar la vida con un nivel aceptable de calidad.

 En tiempos de crisis, en los que racionamientos económicos justifican cualquier tipo de medida que suponga una reducción presupuestaria, sin tener en cuenta el impacto que generan sobre la salud o la calidad en los servicios asistenciales, la promoción de la salud esta más que nunca en peligro. Existen evidencias que demuestran que las actividades que impulsan la promoción de la salud generan una mejora de los indicadores de esperanza de vida y la calidad de vida con la que se envejece. El hecho que los resultados sean a largo término y que requieran espacios de tiempo para poder establecer el coste-beneficio de sus actuaciones, es un elemento que favorece que, basándose en criterios economicistas, se recorten los presupuestos sobre los que se sustentan estas actuaciones.

Hoy más que nunca es necesario reivindicar la continuidad de las políticas que tienen como eje la promoción de la salud desde todos los estamentos públicos, tanto estatales, autonómicos y sobretodo, des del ámbito municipal.

Debemos luchar contra este concepto de salud pública que se sustenta en los ámbitos de la prevención y la protección dejando de lado la promoción de la salud.

Somos muchos los que sin dejar de reconocer la importancia de las actividades de estos ámbitos de prevención y protección de la salud, abogamos por un concepto de la salud pública en la que la promoción de la salud es un pilar básico que mejora la calidad de vida de nuestros ciudadanos, a la vez que un instrumento de demostrada eficiencia económica.

Tenemos que diseñar ciudades que permitan la intercomunicación, con espacios públicos de calidad que permitan la relación entre los ciudadanos y que estos realicen actividades físicas sin estar cerrados en polideportivos. Debemos continuar estimulando que los hábitos de nuestros ciudadanos en relación a la alimentación o el consumo de alcohol o tabaco estén en concordancia con una vida saludable.

No tenemos que renunciar a que en cualquier época de la vida podamos impulsar cambios en las conductas y, sobretodo, a fomentar que los ciudadanos se corresponsabilicen en su propia salud, estimulando el empoderamiento personal

Es esta una responsabilidad que en ningún caso seria justificable renunciar, y que puede suponer ahorrar hoy para aumentar el coste mañana, una irresponsabilidad evidente.

Nos ha costado muchos años configurar una sanidad pública de calidad en nuestro país y no podemos dejar en manos de la iniciativa privada, sujeta a intereses económicos, la salud de nuestros ciudadanos. En una sociedad en la que prima la inmediatez de los resultados, desde la experiencia hemos de modular esta tendencia, asumiendo las instituciones públicas las inversiones en salud a medio y a largo plazo que supongan actividades de promoción de la salud, como un elemento más de la mejora y eficiencia en el ámbito de la salud pública.

Y es por todo esto que desde los municipios tenemos que mantener levantada la bandera de la promoción de la salud como estandarte inamovible en tiempos de crisis.

 

 



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