bepSALUT

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abr.
30
2013

Posted 9 years 155 days ago ago by MARIA BUXÓ CASTAÑER

Imatge cedida per FreeDigitalPhotos.netAmanda J. Bravo H, Coordinadora Nacional Programas Habilidades para la Vida y Formación de Educadores en Fe y Alegría Colombia

 

El texto que sigue a continuación ha sido extraído de la ponencia presentada por la autora al II Congreso Internacional: “Prevención del consumo y el abuso de alcohol y otras drogas desde las instituciones educativas y la familia”. Organizado por FundacreSer, ESAP, e IEPSIP. Bogotá, 28-29 de octubre de 2011. Su versión completa se adjunta al final del texto

 

 

Para iniciar este artículo la autora parte de las definiciones de Promoción de la Salud y Prevención de la enfermedad del Glosario de Promoción de la Salud [1]

 Los aspectos que “caracterizan la promoción de la salud desde el ámbito escolar incluyen[2] la implementación de políticas de dignidad, bienestar, oportunidades de desarrollo integral, estrategias de fomento y apoyo del aprendizaje en relación con la salud (incluyendo la enseñanza-aprendizaje de las habilidades para la vida, fortalecimiento de factores protectores, disminución de comportamientos de riesgo, facilitación de acceso a servicios de salud escolar, nutrición y educación física, entre otros), elementos que se trabajan participativamente, involucrando al conjunto de las comunidades educativas (inmediatas y más amplias) con planes de trabajo definidos y evaluación continua de las acciones que se realizan.”[3]

En el  interior de nuestras instituciones educativas, los procesos participativos de estudiantes suelen tener un corte formalista --en la elección del Consejo Estudiantil, por ejemplo-- pero son muy pocas las experiencias que fomentan la participación sobre temas que afectan la vida cotidiana de niñas, niños y jóvenes como son los temas de sexualidad, consumo de sustancias psicoactivas y aun violencia. Las sustancias psicoactivas no son sólo componentes químicos con efectos sobre la biología, desde siempre su existencia y circulación cobran un sentido para las personas y la cultura en que se encuentran, lo que hay que tratar de comprender es esa relación. ¿Hace cuánto tiempo no se pregunta a la población escolar qué es lo que piensa en relación con las drogas? Las dificultades que están viviendo el conjunto de docentes en su relación con niñas, niños y jóvenes no son las mismas que hace cinco años. ¿Qué imaginarios existen actualmente sobre el uso de sustancias psicoactivas, después de tantos esfuerzos de prevención por parte del Ministerio de Salud, y las respectivas Secretarías en el ámbito departamental y municipal/distrital

La observación, la pregunta de indagación de la realidad, no están en la agenda escolar a menos que sea una obligación impuesta por las autoridades educativas o los proyectos con los que se comprometió la institución. Se prefiere actuar verticalmente, a tientas, por suposición, generalización o proyección de los datos estadísticos oficiales y esto puede conducir a acciones que no tienen el impacto esperado en las niñas, niños y jóvenes, porque en última instancia no dan respuesta a sus necesidades reales. Si ahora nos preocupa que hay una ola de comercialización de drogas en las instituciones escolares, tenemos que averiguar qué está sucediendo afuera de ellas y al menos cómo y por qué las niñas, niños y jóvenes están siendo ganadas(os) o reclutadas(os) por la delincuencia organizada para esta actividad. Pero si no hay la voluntad política de realizar estas averiguaciones, siempre vamos a encontrar algún reparo u obstáculo para que se realicen.

Es comprensible el temor que genera hacer frente a una situación de esta envergadura, pero con seguridad las instituciones educativas pueden desarrollar políticas y actividades basadas en las experiencias, fortalezas, capacidades, habilidades y recursos de las personas que las constituyen. La intención es tomar las riendas de la situación y no al revés, que la situación se vuelva inmanejable y se tome la institución, por simple desidia. Es cuestión de identificar los recursos materiales y sociales que están a nuestro alcance, talentos (individuales y colectivos), confiar en ellos, organizarlos y con una visión positiva y optimista ponerlos a funcionar, direccionarlos para hacer frente a los retos y dificultades del contexto, pues es la manera en que podremos encontrar cómo superarlos.

El mundo de niñas, niños y jóvenes debe caber en la institución educativa si se quiere tener éxito en la tarea de acompañar el desarrollo de las competencias psicosociales básicas. Se vuelve necesario promover el involucramiento de niñas, niños y jóvenes en estas iniciativas, buscar formas de que sus voces sean oídas, sus sugerencias recibidas, y que se produzca el diálogo entre las partes interesadas; los derechos a la participación y a la libertad de pensamiento están aquí en juego. El que sus argumentos sean poco sólidos o aun incoherentes no quiere decir que no merezcan ser aceptados o tomados en cuenta, sin juicios de valor o “etiquetados”; son un punto de referencia necesario para proponer estrategias y didácticas. Y por cierto, la búsqueda de soluciones o salidas a las situaciones que se viven tendrá que ser conjunta, negociada, concertada. Cada niña y cada niño o joven debe aprender a protagonizar su proceso de maduración y de autonomía, a comprometerse con él, pues el riesgo de no hacerlo así es el de castrar su capacidad de resiliencia.

Igualmente, hacemos especial énfasis en la recontextualización de cualquier material o intervención educativa existente y que se quiera implementar en la institución educativa.  Así es como se construye un diálogo fructífero y hace a toda la comunidad corresponsable y copartícipe o coprotagonista de su destino.

Recordamos también que para la Oficina contra la Droga y el Delito de Naciones Unidas (UNODC) la tarea de prevención de la escuela tiene tres componentes:

§  Estrategias de reducción de demanda: buscando reducir el deseo y la disposición para obtener estas drogas y para prevenir, reducir o demorar el inicio del uso de las drogas.

§  Estrategias de reducción de la oferta: procurando interrumpir la producción y provisión de drogas ilícitas; esto incluye medidas orientadas a limitar el uso, la posesión y la venta de drogas ilícitas en las instalaciones escolares.

§  Estrategias para mitigar las consecuencias negativas del uso de las drogas, sobre la salud y la sociedad: con la intención de reducir el impacto del uso de las drogas y de las actividades relacionadas con las drogas en individuos y comunidades. [4]

Sin embargo, no siempre tenemos presente que la prevención no puede estar desligada de la promoción en la educación para la salud, y que en términos de costos y beneficios es más útil buscar propuestas de intervención que tomen estos dos componentes en cuenta, para evitar quedarnos en la sola mirada del problema y del riesgo, y pasar al fortalecimiento de las capacidades y talentos que llevan a un mayor control sobre la generación de entornos y estilos de vida saludables.

 

Retomando las Habilidades para la Vida

Habilidades para la vida (Life Skills)

Las habilidades para la vida son capacidades para adoptar un comportamiento adaptativo y positivo que permita a los individuos abordar con eficacia las exigencias y desafíos de la vida cotidiana.

Referencia: Educación en Habilidades de Vida en las Escuelas, OMS, Ginebra, 1993.

Las habilidades para la vida son habilidades personales, interpersonales, cognitivas y físicas que permiten a las personas controlar y dirigir sus vidas, desarrollando la capacidad para vivir con su entorno y lograr que éste cambie. Como ejemplos de habilidades de vida individuales se pueden citar la toma de decisiones y la solución de problemas, el pensamiento creativo y crítico, el conocimiento de sí mismo y la empatía, las habilidades de comunicación y de relación interpersonal y la capacidad para hacer frente a las emociones y manejar el estrés. Las habilidades de vida tal y como se definen más arriba son elementos constitutivos fundamentales del desarrollo de las habilidades personales para la promoción de la salud descritas como una de las áreas de acción clave en la Carta de Ottawa.” [Subrayado nuestro].

De cara a la prevención del uso indebido de sustancias psicoactivas, UNODC señala que:

“(…) La educación --basada en evidencias-- acerca de las drogas, centrada en habilidades para la vida que aportan destrezas personales, sociales, de resistencia, y comunicativas, la educación instructiva sobre cuántos pares de edad en los grupos de adolescentes realmente han probado alcohol, tabaco, y drogas ilícitas (que típicamente es muchísimo menos que lo que los adolescentes piensan), así como la información sobre los efectos a corto plazo de las drogas, a través de una serie de sesiones impartidas por personal docente entrenado que utiliza técnicas interactivas para involucrar a las y los jóvenes, es sumamente efectiva. También es importante que las escuelas tengan una política escrita acerca del uso de alcohol, tabaco y sustancias, que cubra a toda la población estudiantil y al personal que trabaja en los colegios.”[5] [Subrayado nuestro].

Queda claro también, que aun con la focalización en la reducción de la demanda, el rol de la escuela es procurar el desarrollo de las habilidades, impartir conocimiento y establecer una sólida base de valores que contribuyan a la salud de niñas, niños y jóvenes escolares y al manejo del uso de las drogas, no “cambiar comportamientos” que pueden estar determinados por factores que trascienden la influencia de la escuela.

Por lo tanto, las escuelas no deben hacer del cambio de comportamiento de los estudiantes en materia de salud, particularmente el comportamiento en materia de consumo de drogas, la única medida del éxito o de la eficacia de los programas de prevención del uso indebido de drogas. Las escuelas pueden y deben informar a la comunidad del logro de resultados que se han identificado como favorables al logro de metas de salud más amplias de prevención del uso de drogas y de reducción de las consecuencias adversas de ese consumo en los individuos y en la sociedad.

(…) La educación escolar en materia de prevención del uso indebido de drogas se puede definir como los programas, políticas, procedimientos y otras experiencias docentes que contribuyen a alcanzar objetivos más amplios en materia de salud (…).”[6]

Las habilidades psicosociales mencionadas también tienen que ver con los pilares de la educación enunciados por UNESCO mencionados al principio de esta ponencia, buscando el desarrollo integral de las personas, tomando en cuenta sus aspectos afectivos, intelectuales, de valores/actitudes, de relación con otros seres humanos y con aspectos sociales (por ejemplo, la relación con las drogas). Ahora bien, las Habilidades para la Vida no son sólo para la población en edad escolar, sino para todas las personas de la comunidad educativa, especialmente aquellas que tienen funciones docentes, independientemente de si son de matemáticas, educación física, ciencias naturales o sociales. Quiérase o no, las maneras de ser y relacionarse de las y los docentes con sus estudiantes se constituyen en referentes a emular. El desarrollo y la práctica de estas habilidades permiten generar un mejor clima escolar y de aula, y esto a su vez, es un factor asociado importante en el rendimiento en lectura, matemática y ciencias[7], de manera que si sólo fuera por buscar este resultado ya sería valioso implementar acciones en este sentido.

El ámbito escolar es un espacio de socialización secundaria, y al establecerse relaciones de enseñanza-aprendizaje entre personas adultas profesionales de la educación con personas en formación, se producen responsabilidades implícitas. Y éstas están presididas por el marco de los derechos humanos, así como por la legislación y normas que los vuelven  principios de actuación y de relación. La mayor parte de veces, los derechos humanos en la escuela son un discurso alejado de la práctica cotidiana y cuando se trata de prevenir el uso de sustancias psicoactivas generalmente no se aborda explícitamente, pues no se tienen elementos suficientes para abordar las tensiones que pueden surgir de su aplicación.

 



[1] Organización Mundial de la Salud. Glosario de Promoción de la Salud. Ginebra. WHO. 1998. Página 10. Disponible en internet en: http://www.bvs.org.ar/pdf/glosario_sp.pdf Consultado 20 de octubre 2011.

[2] IPPOLITO-SHEPHERD, J., CERQUEIRA, M. T., ORTEGA, D. “Iniciativa Regional de Escuelas Promotoras de la Salud en las Américas.” En: IUHPE – Promotion & Education. Vol. XII. No.3-4. 2005. Página 221. Disponible en internet en: http://www.bvsde.paho.org/bvsacd/cd57/EPS_IUHPE.pdf Citado por BRAVO, A. en "Habilidades para la Vida, una estrategia útil para la promoción de la salud y la prevención del consumo de sustancias psicoactivas en los colegios de Fe y Alegría Colombia". 2010. Página 11.

[3] BRAVO, A. en "Habilidades para la Vida, una estrategia útil para la promoción de la salud y la prevención del consumo de sustancias psicoactivas en los colegios de Fe y Alegría Colombia". 2010. Página 11.

[4] Naciones Unidas. Oficina contra la Droga y el Delito Viena – Red Mundial de la Juventud. Escuelas: Educación de base escolar para la prevención del uso indebido de drogas. Nueva York. Naciones Unidas. 2004. Disponible en internet en: http://www.unodc.org/pdf/youthnet/handbook_school_spanish.pdf

[5] Traducción libre del artículo de UNODC: “Drug education based on life skills in schools”. Disponible en internet en: http://www.unodc.org/unodc/en/prevention/schools.html

[6] UNODC Viena – Red Mundial de la Juventud. Escuelas. Op. Cit. Página 14.

[7] Cfr. UNESCO – LLECE. Primer reporte de resultados del Segundo estudio regional comparativo y explicativo. Los aprendizajes de los estudiantes de América Latina y el Caribe. Santiago, Chile. 2008.


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Libros, artículos e informes

COVID-19: a guide to good practice on keeping people well informed 

G. del Pozo, J. ¿Cómo sería una respuesta comunitaria al coronavirus?

How the COVID-19 Lockdown Affected Gender Inequality in Paid and Unpaid Work in Spain

Padilla J. ¿A quién vamos a dejar morir? Madrid: Capitán Swing; 2019. 176 p.


NOTA: bepSALUT pone estos contenidos a disposición pública con finalidades de información e investigación. En ningún caso se hace responsable de las informaciones, opiniones o conceptos que se expresan en ellos.


 

  Càtedra de Promoció de la Salut

  C/ Pic de Peguera, 15 

  Parc Científic i Tecnològic
  17003  Girona

  Tel. 972 41 47 29

  catedrapromociosalut@udg.edu

 

 

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Editorial

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30
2013

Posted 9 years 155 days ago ago by MARIA BUXÓ CASTAÑER

Imatge cedida per FreeDigitalPhotos.netAmanda J. Bravo H, Coordinadora Nacional Programas Habilidades para la Vida y Formación de Educadores en Fe y Alegría Colombia

 

El texto que sigue a continuación ha sido extraído de la ponencia presentada por la autora al II Congreso Internacional: “Prevención del consumo y el abuso de alcohol y otras drogas desde las instituciones educativas y la familia”. Organizado por FundacreSer, ESAP, e IEPSIP. Bogotá, 28-29 de octubre de 2011. Su versión completa se adjunta al final del texto

 

 

Para iniciar este artículo la autora parte de las definiciones de Promoción de la Salud y Prevención de la enfermedad del Glosario de Promoción de la Salud [1]

 Los aspectos que “caracterizan la promoción de la salud desde el ámbito escolar incluyen[2] la implementación de políticas de dignidad, bienestar, oportunidades de desarrollo integral, estrategias de fomento y apoyo del aprendizaje en relación con la salud (incluyendo la enseñanza-aprendizaje de las habilidades para la vida, fortalecimiento de factores protectores, disminución de comportamientos de riesgo, facilitación de acceso a servicios de salud escolar, nutrición y educación física, entre otros), elementos que se trabajan participativamente, involucrando al conjunto de las comunidades educativas (inmediatas y más amplias) con planes de trabajo definidos y evaluación continua de las acciones que se realizan.”[3]

En el  interior de nuestras instituciones educativas, los procesos participativos de estudiantes suelen tener un corte formalista --en la elección del Consejo Estudiantil, por ejemplo-- pero son muy pocas las experiencias que fomentan la participación sobre temas que afectan la vida cotidiana de niñas, niños y jóvenes como son los temas de sexualidad, consumo de sustancias psicoactivas y aun violencia. Las sustancias psicoactivas no son sólo componentes químicos con efectos sobre la biología, desde siempre su existencia y circulación cobran un sentido para las personas y la cultura en que se encuentran, lo que hay que tratar de comprender es esa relación. ¿Hace cuánto tiempo no se pregunta a la población escolar qué es lo que piensa en relación con las drogas? Las dificultades que están viviendo el conjunto de docentes en su relación con niñas, niños y jóvenes no son las mismas que hace cinco años. ¿Qué imaginarios existen actualmente sobre el uso de sustancias psicoactivas, después de tantos esfuerzos de prevención por parte del Ministerio de Salud, y las respectivas Secretarías en el ámbito departamental y municipal/distrital

La observación, la pregunta de indagación de la realidad, no están en la agenda escolar a menos que sea una obligación impuesta por las autoridades educativas o los proyectos con los que se comprometió la institución. Se prefiere actuar verticalmente, a tientas, por suposición, generalización o proyección de los datos estadísticos oficiales y esto puede conducir a acciones que no tienen el impacto esperado en las niñas, niños y jóvenes, porque en última instancia no dan respuesta a sus necesidades reales. Si ahora nos preocupa que hay una ola de comercialización de drogas en las instituciones escolares, tenemos que averiguar qué está sucediendo afuera de ellas y al menos cómo y por qué las niñas, niños y jóvenes están siendo ganadas(os) o reclutadas(os) por la delincuencia organizada para esta actividad. Pero si no hay la voluntad política de realizar estas averiguaciones, siempre vamos a encontrar algún reparo u obstáculo para que se realicen.

Es comprensible el temor que genera hacer frente a una situación de esta envergadura, pero con seguridad las instituciones educativas pueden desarrollar políticas y actividades basadas en las experiencias, fortalezas, capacidades, habilidades y recursos de las personas que las constituyen. La intención es tomar las riendas de la situación y no al revés, que la situación se vuelva inmanejable y se tome la institución, por simple desidia. Es cuestión de identificar los recursos materiales y sociales que están a nuestro alcance, talentos (individuales y colectivos), confiar en ellos, organizarlos y con una visión positiva y optimista ponerlos a funcionar, direccionarlos para hacer frente a los retos y dificultades del contexto, pues es la manera en que podremos encontrar cómo superarlos.

El mundo de niñas, niños y jóvenes debe caber en la institución educativa si se quiere tener éxito en la tarea de acompañar el desarrollo de las competencias psicosociales básicas. Se vuelve necesario promover el involucramiento de niñas, niños y jóvenes en estas iniciativas, buscar formas de que sus voces sean oídas, sus sugerencias recibidas, y que se produzca el diálogo entre las partes interesadas; los derechos a la participación y a la libertad de pensamiento están aquí en juego. El que sus argumentos sean poco sólidos o aun incoherentes no quiere decir que no merezcan ser aceptados o tomados en cuenta, sin juicios de valor o “etiquetados”; son un punto de referencia necesario para proponer estrategias y didácticas. Y por cierto, la búsqueda de soluciones o salidas a las situaciones que se viven tendrá que ser conjunta, negociada, concertada. Cada niña y cada niño o joven debe aprender a protagonizar su proceso de maduración y de autonomía, a comprometerse con él, pues el riesgo de no hacerlo así es el de castrar su capacidad de resiliencia.

Igualmente, hacemos especial énfasis en la recontextualización de cualquier material o intervención educativa existente y que se quiera implementar en la institución educativa.  Así es como se construye un diálogo fructífero y hace a toda la comunidad corresponsable y copartícipe o coprotagonista de su destino.

Recordamos también que para la Oficina contra la Droga y el Delito de Naciones Unidas (UNODC) la tarea de prevención de la escuela tiene tres componentes:

§  Estrategias de reducción de demanda: buscando reducir el deseo y la disposición para obtener estas drogas y para prevenir, reducir o demorar el inicio del uso de las drogas.

§  Estrategias de reducción de la oferta: procurando interrumpir la producción y provisión de drogas ilícitas; esto incluye medidas orientadas a limitar el uso, la posesión y la venta de drogas ilícitas en las instalaciones escolares.

§  Estrategias para mitigar las consecuencias negativas del uso de las drogas, sobre la salud y la sociedad: con la intención de reducir el impacto del uso de las drogas y de las actividades relacionadas con las drogas en individuos y comunidades. [4]

Sin embargo, no siempre tenemos presente que la prevención no puede estar desligada de la promoción en la educación para la salud, y que en términos de costos y beneficios es más útil buscar propuestas de intervención que tomen estos dos componentes en cuenta, para evitar quedarnos en la sola mirada del problema y del riesgo, y pasar al fortalecimiento de las capacidades y talentos que llevan a un mayor control sobre la generación de entornos y estilos de vida saludables.

 

Retomando las Habilidades para la Vida

Habilidades para la vida (Life Skills)

Las habilidades para la vida son capacidades para adoptar un comportamiento adaptativo y positivo que permita a los individuos abordar con eficacia las exigencias y desafíos de la vida cotidiana.

Referencia: Educación en Habilidades de Vida en las Escuelas, OMS, Ginebra, 1993.

Las habilidades para la vida son habilidades personales, interpersonales, cognitivas y físicas que permiten a las personas controlar y dirigir sus vidas, desarrollando la capacidad para vivir con su entorno y lograr que éste cambie. Como ejemplos de habilidades de vida individuales se pueden citar la toma de decisiones y la solución de problemas, el pensamiento creativo y crítico, el conocimiento de sí mismo y la empatía, las habilidades de comunicación y de relación interpersonal y la capacidad para hacer frente a las emociones y manejar el estrés. Las habilidades de vida tal y como se definen más arriba son elementos constitutivos fundamentales del desarrollo de las habilidades personales para la promoción de la salud descritas como una de las áreas de acción clave en la Carta de Ottawa.” [Subrayado nuestro].

De cara a la prevención del uso indebido de sustancias psicoactivas, UNODC señala que:

“(…) La educación --basada en evidencias-- acerca de las drogas, centrada en habilidades para la vida que aportan destrezas personales, sociales, de resistencia, y comunicativas, la educación instructiva sobre cuántos pares de edad en los grupos de adolescentes realmente han probado alcohol, tabaco, y drogas ilícitas (que típicamente es muchísimo menos que lo que los adolescentes piensan), así como la información sobre los efectos a corto plazo de las drogas, a través de una serie de sesiones impartidas por personal docente entrenado que utiliza técnicas interactivas para involucrar a las y los jóvenes, es sumamente efectiva. También es importante que las escuelas tengan una política escrita acerca del uso de alcohol, tabaco y sustancias, que cubra a toda la población estudiantil y al personal que trabaja en los colegios.”[5] [Subrayado nuestro].

Queda claro también, que aun con la focalización en la reducción de la demanda, el rol de la escuela es procurar el desarrollo de las habilidades, impartir conocimiento y establecer una sólida base de valores que contribuyan a la salud de niñas, niños y jóvenes escolares y al manejo del uso de las drogas, no “cambiar comportamientos” que pueden estar determinados por factores que trascienden la influencia de la escuela.

Por lo tanto, las escuelas no deben hacer del cambio de comportamiento de los estudiantes en materia de salud, particularmente el comportamiento en materia de consumo de drogas, la única medida del éxito o de la eficacia de los programas de prevención del uso indebido de drogas. Las escuelas pueden y deben informar a la comunidad del logro de resultados que se han identificado como favorables al logro de metas de salud más amplias de prevención del uso de drogas y de reducción de las consecuencias adversas de ese consumo en los individuos y en la sociedad.

(…) La educación escolar en materia de prevención del uso indebido de drogas se puede definir como los programas, políticas, procedimientos y otras experiencias docentes que contribuyen a alcanzar objetivos más amplios en materia de salud (…).”[6]

Las habilidades psicosociales mencionadas también tienen que ver con los pilares de la educación enunciados por UNESCO mencionados al principio de esta ponencia, buscando el desarrollo integral de las personas, tomando en cuenta sus aspectos afectivos, intelectuales, de valores/actitudes, de relación con otros seres humanos y con aspectos sociales (por ejemplo, la relación con las drogas). Ahora bien, las Habilidades para la Vida no son sólo para la población en edad escolar, sino para todas las personas de la comunidad educativa, especialmente aquellas que tienen funciones docentes, independientemente de si son de matemáticas, educación física, ciencias naturales o sociales. Quiérase o no, las maneras de ser y relacionarse de las y los docentes con sus estudiantes se constituyen en referentes a emular. El desarrollo y la práctica de estas habilidades permiten generar un mejor clima escolar y de aula, y esto a su vez, es un factor asociado importante en el rendimiento en lectura, matemática y ciencias[7], de manera que si sólo fuera por buscar este resultado ya sería valioso implementar acciones en este sentido.

El ámbito escolar es un espacio de socialización secundaria, y al establecerse relaciones de enseñanza-aprendizaje entre personas adultas profesionales de la educación con personas en formación, se producen responsabilidades implícitas. Y éstas están presididas por el marco de los derechos humanos, así como por la legislación y normas que los vuelven  principios de actuación y de relación. La mayor parte de veces, los derechos humanos en la escuela son un discurso alejado de la práctica cotidiana y cuando se trata de prevenir el uso de sustancias psicoactivas generalmente no se aborda explícitamente, pues no se tienen elementos suficientes para abordar las tensiones que pueden surgir de su aplicación.

 



[1] Organización Mundial de la Salud. Glosario de Promoción de la Salud. Ginebra. WHO. 1998. Página 10. Disponible en internet en: http://www.bvs.org.ar/pdf/glosario_sp.pdf Consultado 20 de octubre 2011.

[2] IPPOLITO-SHEPHERD, J., CERQUEIRA, M. T., ORTEGA, D. “Iniciativa Regional de Escuelas Promotoras de la Salud en las Américas.” En: IUHPE – Promotion & Education. Vol. XII. No.3-4. 2005. Página 221. Disponible en internet en: http://www.bvsde.paho.org/bvsacd/cd57/EPS_IUHPE.pdf Citado por BRAVO, A. en "Habilidades para la Vida, una estrategia útil para la promoción de la salud y la prevención del consumo de sustancias psicoactivas en los colegios de Fe y Alegría Colombia". 2010. Página 11.

[3] BRAVO, A. en "Habilidades para la Vida, una estrategia útil para la promoción de la salud y la prevención del consumo de sustancias psicoactivas en los colegios de Fe y Alegría Colombia". 2010. Página 11.

[4] Naciones Unidas. Oficina contra la Droga y el Delito Viena – Red Mundial de la Juventud. Escuelas: Educación de base escolar para la prevención del uso indebido de drogas. Nueva York. Naciones Unidas. 2004. Disponible en internet en: http://www.unodc.org/pdf/youthnet/handbook_school_spanish.pdf

[5] Traducción libre del artículo de UNODC: “Drug education based on life skills in schools”. Disponible en internet en: http://www.unodc.org/unodc/en/prevention/schools.html

[6] UNODC Viena – Red Mundial de la Juventud. Escuelas. Op. Cit. Página 14.

[7] Cfr. UNESCO – LLECE. Primer reporte de resultados del Segundo estudio regional comparativo y explicativo. Los aprendizajes de los estudiantes de América Latina y el Caribe. Santiago, Chile. 2008.


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Habilidades para la vida: cómo promueven la salud y previenen adicciones

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El texto que sigue a continuación ha sido extraído de la ponencia presentada por la autora al II Congreso Internacional: “Prevención del consumo y el abuso de alcohol y otras drogas desde las instituciones educativas y la familia”. Organizado por FundacreSer, ESAP, e IEPSIP. Bogotá, 28-29 de octubre de 2011. Su versión completa se adjunta al final del texto

 

 

Para iniciar este artículo la autora parte de las definiciones de Promoción de la Salud y Prevención de la enfermedad del Glosario de Promoción de la Salud [1]

 Los aspectos que “caracterizan la promoción de la salud desde el ámbito escolar incluyen[2] la implementación de políticas de dignidad, bienestar, oportunidades de desarrollo integral, estrategias de fomento y apoyo del aprendizaje en relación con la salud (incluyendo la enseñanza-aprendizaje de las habilidades para la vida, fortalecimiento de factores protectores, disminución de comportamientos de riesgo, facilitación de acceso a servicios de salud escolar, nutrición y educación física, entre otros), elementos que se trabajan participativamente, involucrando al conjunto de las comunidades educativas (inmediatas y más amplias) con planes de trabajo definidos y evaluación continua de las acciones que se realizan.”[3]

En el  interior de nuestras instituciones educativas, los procesos participativos de estudiantes suelen tener un corte formalista --en la elección del Consejo Estudiantil, por ejemplo-- pero son muy pocas las experiencias que fomentan la participación sobre temas que afectan la vida cotidiana de niñas, niños y jóvenes como son los temas de sexualidad, consumo de sustancias psicoactivas y aun violencia. Las sustancias psicoactivas no son sólo componentes químicos con efectos sobre la biología, desde siempre su existencia y circulación cobran un sentido para las personas y la cultura en que se encuentran, lo que hay que tratar de comprender es esa relación. ¿Hace cuánto tiempo no se pregunta a la población escolar qué es lo que piensa en relación con las drogas? Las dificultades que están viviendo el conjunto de docentes en su relación con niñas, niños y jóvenes no son las mismas que hace cinco años. ¿Qué imaginarios existen actualmente sobre el uso de sustancias psicoactivas, después de tantos esfuerzos de prevención por parte del Ministerio de Salud, y las respectivas Secretarías en el ámbito departamental y municipal/distrital

La observación, la pregunta de indagación de la realidad, no están en la agenda escolar a menos que sea una obligación impuesta por las autoridades educativas o los proyectos con los que se comprometió la institución. Se prefiere actuar verticalmente, a tientas, por suposición, generalización o proyección de los datos estadísticos oficiales y esto puede conducir a acciones que no tienen el impacto esperado en las niñas, niños y jóvenes, porque en última instancia no dan respuesta a sus necesidades reales. Si ahora nos preocupa que hay una ola de comercialización de drogas en las instituciones escolares, tenemos que averiguar qué está sucediendo afuera de ellas y al menos cómo y por qué las niñas, niños y jóvenes están siendo ganadas(os) o reclutadas(os) por la delincuencia organizada para esta actividad. Pero si no hay la voluntad política de realizar estas averiguaciones, siempre vamos a encontrar algún reparo u obstáculo para que se realicen.

Es comprensible el temor que genera hacer frente a una situación de esta envergadura, pero con seguridad las instituciones educativas pueden desarrollar políticas y actividades basadas en las experiencias, fortalezas, capacidades, habilidades y recursos de las personas que las constituyen. La intención es tomar las riendas de la situación y no al revés, que la situación se vuelva inmanejable y se tome la institución, por simple desidia. Es cuestión de identificar los recursos materiales y sociales que están a nuestro alcance, talentos (individuales y colectivos), confiar en ellos, organizarlos y con una visión positiva y optimista ponerlos a funcionar, direccionarlos para hacer frente a los retos y dificultades del contexto, pues es la manera en que podremos encontrar cómo superarlos.

El mundo de niñas, niños y jóvenes debe caber en la institución educativa si se quiere tener éxito en la tarea de acompañar el desarrollo de las competencias psicosociales básicas. Se vuelve necesario promover el involucramiento de niñas, niños y jóvenes en estas iniciativas, buscar formas de que sus voces sean oídas, sus sugerencias recibidas, y que se produzca el diálogo entre las partes interesadas; los derechos a la participación y a la libertad de pensamiento están aquí en juego. El que sus argumentos sean poco sólidos o aun incoherentes no quiere decir que no merezcan ser aceptados o tomados en cuenta, sin juicios de valor o “etiquetados”; son un punto de referencia necesario para proponer estrategias y didácticas. Y por cierto, la búsqueda de soluciones o salidas a las situaciones que se viven tendrá que ser conjunta, negociada, concertada. Cada niña y cada niño o joven debe aprender a protagonizar su proceso de maduración y de autonomía, a comprometerse con él, pues el riesgo de no hacerlo así es el de castrar su capacidad de resiliencia.

Igualmente, hacemos especial énfasis en la recontextualización de cualquier material o intervención educativa existente y que se quiera implementar en la institución educativa.  Así es como se construye un diálogo fructífero y hace a toda la comunidad corresponsable y copartícipe o coprotagonista de su destino.

Recordamos también que para la Oficina contra la Droga y el Delito de Naciones Unidas (UNODC) la tarea de prevención de la escuela tiene tres componentes:

§  Estrategias de reducción de demanda: buscando reducir el deseo y la disposición para obtener estas drogas y para prevenir, reducir o demorar el inicio del uso de las drogas.

§  Estrategias de reducción de la oferta: procurando interrumpir la producción y provisión de drogas ilícitas; esto incluye medidas orientadas a limitar el uso, la posesión y la venta de drogas ilícitas en las instalaciones escolares.

§  Estrategias para mitigar las consecuencias negativas del uso de las drogas, sobre la salud y la sociedad: con la intención de reducir el impacto del uso de las drogas y de las actividades relacionadas con las drogas en individuos y comunidades. [4]

Sin embargo, no siempre tenemos presente que la prevención no puede estar desligada de la promoción en la educación para la salud, y que en términos de costos y beneficios es más útil buscar propuestas de intervención que tomen estos dos componentes en cuenta, para evitar quedarnos en la sola mirada del problema y del riesgo, y pasar al fortalecimiento de las capacidades y talentos que llevan a un mayor control sobre la generación de entornos y estilos de vida saludables.

 

Retomando las Habilidades para la Vida

Habilidades para la vida (Life Skills)

Las habilidades para la vida son capacidades para adoptar un comportamiento adaptativo y positivo que permita a los individuos abordar con eficacia las exigencias y desafíos de la vida cotidiana.

Referencia: Educación en Habilidades de Vida en las Escuelas, OMS, Ginebra, 1993.

Las habilidades para la vida son habilidades personales, interpersonales, cognitivas y físicas que permiten a las personas controlar y dirigir sus vidas, desarrollando la capacidad para vivir con su entorno y lograr que éste cambie. Como ejemplos de habilidades de vida individuales se pueden citar la toma de decisiones y la solución de problemas, el pensamiento creativo y crítico, el conocimiento de sí mismo y la empatía, las habilidades de comunicación y de relación interpersonal y la capacidad para hacer frente a las emociones y manejar el estrés. Las habilidades de vida tal y como se definen más arriba son elementos constitutivos fundamentales del desarrollo de las habilidades personales para la promoción de la salud descritas como una de las áreas de acción clave en la Carta de Ottawa.” [Subrayado nuestro].

De cara a la prevención del uso indebido de sustancias psicoactivas, UNODC señala que:

“(…) La educación --basada en evidencias-- acerca de las drogas, centrada en habilidades para la vida que aportan destrezas personales, sociales, de resistencia, y comunicativas, la educación instructiva sobre cuántos pares de edad en los grupos de adolescentes realmente han probado alcohol, tabaco, y drogas ilícitas (que típicamente es muchísimo menos que lo que los adolescentes piensan), así como la información sobre los efectos a corto plazo de las drogas, a través de una serie de sesiones impartidas por personal docente entrenado que utiliza técnicas interactivas para involucrar a las y los jóvenes, es sumamente efectiva. También es importante que las escuelas tengan una política escrita acerca del uso de alcohol, tabaco y sustancias, que cubra a toda la población estudiantil y al personal que trabaja en los colegios.”[5] [Subrayado nuestro].

Queda claro también, que aun con la focalización en la reducción de la demanda, el rol de la escuela es procurar el desarrollo de las habilidades, impartir conocimiento y establecer una sólida base de valores que contribuyan a la salud de niñas, niños y jóvenes escolares y al manejo del uso de las drogas, no “cambiar comportamientos” que pueden estar determinados por factores que trascienden la influencia de la escuela.

Por lo tanto, las escuelas no deben hacer del cambio de comportamiento de los estudiantes en materia de salud, particularmente el comportamiento en materia de consumo de drogas, la única medida del éxito o de la eficacia de los programas de prevención del uso indebido de drogas. Las escuelas pueden y deben informar a la comunidad del logro de resultados que se han identificado como favorables al logro de metas de salud más amplias de prevención del uso de drogas y de reducción de las consecuencias adversas de ese consumo en los individuos y en la sociedad.

(…) La educación escolar en materia de prevención del uso indebido de drogas se puede definir como los programas, políticas, procedimientos y otras experiencias docentes que contribuyen a alcanzar objetivos más amplios en materia de salud (…).”[6]

Las habilidades psicosociales mencionadas también tienen que ver con los pilares de la educación enunciados por UNESCO mencionados al principio de esta ponencia, buscando el desarrollo integral de las personas, tomando en cuenta sus aspectos afectivos, intelectuales, de valores/actitudes, de relación con otros seres humanos y con aspectos sociales (por ejemplo, la relación con las drogas). Ahora bien, las Habilidades para la Vida no son sólo para la población en edad escolar, sino para todas las personas de la comunidad educativa, especialmente aquellas que tienen funciones docentes, independientemente de si son de matemáticas, educación física, ciencias naturales o sociales. Quiérase o no, las maneras de ser y relacionarse de las y los docentes con sus estudiantes se constituyen en referentes a emular. El desarrollo y la práctica de estas habilidades permiten generar un mejor clima escolar y de aula, y esto a su vez, es un factor asociado importante en el rendimiento en lectura, matemática y ciencias[7], de manera que si sólo fuera por buscar este resultado ya sería valioso implementar acciones en este sentido.

El ámbito escolar es un espacio de socialización secundaria, y al establecerse relaciones de enseñanza-aprendizaje entre personas adultas profesionales de la educación con personas en formación, se producen responsabilidades implícitas. Y éstas están presididas por el marco de los derechos humanos, así como por la legislación y normas que los vuelven  principios de actuación y de relación. La mayor parte de veces, los derechos humanos en la escuela son un discurso alejado de la práctica cotidiana y cuando se trata de prevenir el uso de sustancias psicoactivas generalmente no se aborda explícitamente, pues no se tienen elementos suficientes para abordar las tensiones que pueden surgir de su aplicación.

 



[1] Organización Mundial de la Salud. Glosario de Promoción de la Salud. Ginebra. WHO. 1998. Página 10. Disponible en internet en: http://www.bvs.org.ar/pdf/glosario_sp.pdf Consultado 20 de octubre 2011.

[2] IPPOLITO-SHEPHERD, J., CERQUEIRA, M. T., ORTEGA, D. “Iniciativa Regional de Escuelas Promotoras de la Salud en las Américas.” En: IUHPE – Promotion & Education. Vol. XII. No.3-4. 2005. Página 221. Disponible en internet en: http://www.bvsde.paho.org/bvsacd/cd57/EPS_IUHPE.pdf Citado por BRAVO, A. en "Habilidades para la Vida, una estrategia útil para la promoción de la salud y la prevención del consumo de sustancias psicoactivas en los colegios de Fe y Alegría Colombia". 2010. Página 11.

[3] BRAVO, A. en "Habilidades para la Vida, una estrategia útil para la promoción de la salud y la prevención del consumo de sustancias psicoactivas en los colegios de Fe y Alegría Colombia". 2010. Página 11.

[4] Naciones Unidas. Oficina contra la Droga y el Delito Viena – Red Mundial de la Juventud. Escuelas: Educación de base escolar para la prevención del uso indebido de drogas. Nueva York. Naciones Unidas. 2004. Disponible en internet en: http://www.unodc.org/pdf/youthnet/handbook_school_spanish.pdf

[5] Traducción libre del artículo de UNODC: “Drug education based on life skills in schools”. Disponible en internet en: http://www.unodc.org/unodc/en/prevention/schools.html

[6] UNODC Viena – Red Mundial de la Juventud. Escuelas. Op. Cit. Página 14.

[7] Cfr. UNESCO – LLECE. Primer reporte de resultados del Segundo estudio regional comparativo y explicativo. Los aprendizajes de los estudiantes de América Latina y el Caribe. Santiago, Chile. 2008.



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