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Editorial

En plena época de cambios la palabra “crisis” ha pasado a formar parte del vocabulario cuotidiano. La crisis es una coyuntura de cambio de la realidad, un cambio que conlleva una evolución. Las características ambientales y humanas de la vida cuotidiana de las personas, y las relaciones entre ellas, tienen una relación directa con la definición de la salud. En un contexto de cambio, la salud se transforma, juntamente con las transformaciones de las actividades humanas, de su economía y su medio ambiente.

Así pues la salud de las personas vive un proceso de cambio: evoluciona, se transforma y plantea nuevas necesidades. Estos cambios se están objetivando en las medidas de percepción de la salud, en las demandas al sistema sanitario en el ámbito de la salud mental y en las decisiones que se toman para mantener la salud derivadas de los cambios en la economía familiar y de la angustia que genera la gestión de los riesgos respecto los posibles cambios.

Hablar de promoción de la salud es hablar también de cambios: en la sociedad, en las personas y en las organizaciones. Los cambios en el entorno plantean nuevos retos que requieren sensibilidad, flexibilidad y creatividad para superarlos de manera satisfactoria. Ahora más que nunca los promotores de la salud tenemos que identificar y prever tendencias, pues son estas las que marcaran nuestro futuro más inmediato. Se hace esencial la reflexión para proponer líneas de actuación e incorporar nuevas perspectivas y criterios con la finalidad de anticiparse a la predicción de futuras realidades.

En tanto que agentes del cambio debemos reconocer una tendencia, profundizar en ella y definir las orientaciones para que la población tenga capacidad para asumir los cambios y sea capaz de gestionarlos. Es el momento de asumir con vehemencia la promoción de la salud, de visualizar la salud como una inversión y de tender hacia lo que es saludable y no esperar a que llegue la enfermedad. Es el momento de trabajar con los activos de las personas y la población, con las fortalezas y capacidades más que un enfoque orientado en las necesidades y carencias. Sólo de esta manera se contribuirá realmente en la salud y el bienestar.

Es pues el momento de incluir la promoción de la salud en todas las políticas y trabajar con los elementos y programas que generen salud ya que es sólo partiendo de una sociedad saludable y con capacidad de tomar decisiones que la palabra crisis dejará de ser un elemento negativo para pasar a ser un cambio que represente una oportunidad. Además de su carácter objetivo, toda crisis es percibida subjetivamente y de esta percepción depende, en gran medida, como se afronta. En la medida que contribuimos a su mayor comprensión y, sobretodo, en que diseñamos y aplicamos las estrategias e instrumentos que permitan gestionar los cambios con eficiencia y oportunidad, estaremos actuando de manera más sensible, flexible y creativa en un contexto que se transforma rápidamente. La crisis es pues una oportunidad para la promoción de la salud.