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Impacto de la crisis en la salud mental y el bienestar emocional

Pere Bonet, Presidente del Consell Assessor de Salut Mental i Addiccions del Departament de Salut y director de Salud Mental en Fundació Althaia Xarxa Assistencial i Universitària de Manresa.

La OMS define la salud mental como “un estado de bienestar en el que la persona tiene conciencia de sus capacidades, puede afrontar las exigencias habituales de la vida cuotidiana, trabaja de manera productiva y fructífera y es capaz de contribuir en su comunidad”. Cabe señalar que en mencionar el trabajo se refiere a que la persona se mantiene activa, se relaciona y se comunica con otras. En las sociedades desarrolladas y de marcado enfoque capitalista, el trabajo, entendido como un espacio remunerado de la actividad de las persones, es clave para mantener un nivel económico que facilite la adquisición de bienes y goces.

La misma Salud Mental fue declarada una prioridad para la Unión Europea (Declaración de Helsinki, enero de 2005). La visión europea se basa en la convicción de que muchos de los grandes objetivos estratégicos de la Unión, como son la prosperidad sostenida de su población, la solidaridad, la justicia social y la calidad de vida de sus ciudadanos, no son asumibles sin una franca mejora de la Salud Mental de las persones.

Cuando nos referimos a situaciones de crisis económica y financiera, es fácil imaginar que los individuos están en el centro de una situación estresante. No nos encontramos en una situación estresante aguda, se trata de una situación continuada y, para rematarlo, las personas no tienen, por si mismas, ni los instrumentos ni las claves predictivas de cómo será el futuro, de hacia dónde va la crisis y de cuándo se va a acabar. Nos encontramos pues en una situación de incertitud de larga evolución y no hay nada mejor para incrementar la sensación individual de angustia que una incertitud ligada al sentimiento de que el resultado final de afrontar la situación no depende, solamente, del esfuerzo y trabajo personal. En esta situación las personas acostumbramos a ponernos en un estado de alerta, nos activamos, y un sistema nervioso (central y periférico) activado crea disfunciones en el cuerpo y en las cogniciones. La aparición de desarmonías hormonales y patologías relacionadas con un metabolismo alterado son frecuentes, pero además, un organismo activado facilita la aparición de conductas alteradas, como iniciar comportamientos de riesgo, de ser proclives a una automedicación con sustancias adictivas, aumentar el consumo de las mismas y con una alta probabilidad de que el consumo abusivo se convierta en una dependencia. La aparición de una cierta irritabilidad y de conductas de hetero y autoagresividad se hace más evidente.

En Cataluña, en el año 2012, en los Centros de Salud Mental de Adultos se constata un incremento de un 4% (prevalencia del 2,58%) y en los Centros de Salud Mental Infantil/Juvenil un aumento del 6% (prevalencia 4,03%) de la población menor de 18 años. Cuidemos el futuro de nuestra Sociedad.

En un contexto de unas cifras de paro nunca vistas hasta ahora, en algunos países de la Unión Europea se ha comprobado que un incremento del 1% en la tasa de paro implica un aumento del 0,8% en la tasa de mortalidad por suicidio.

Las situaciones adversas no provocan los mismos resultados en salud a todas las personas. La capacidad individual de afrontar traumas y situaciones dolorosas, la llamada resiliencia, modifica de manera significativa la resolución y la adaptación de la persona a los acontecimientos adversos. Sabemos que nuestra Sociedad es solidaria y social y que el entorno familiar y la existencia de redes de amistades y/o de relación actúan como factores claves de protección.