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Promoción de la Salud: algunas reflexiones sobre la esencia de la Promoción de la Salud después de 25 años

Klaus D Plümer, Consultor especilitzado en Promoción de la Salud y Salud Pública y miembro de la Unión Internacional de Promoción de la Salud y Educación para la Salud (IUPES)


Esta es una historia personal. Un año después de la Conferencia de Ottawa sobre Promoción de la Salud, en 1987, entré en el Servicio de Salud Pública en Alemania. Una nueva enfermedad mortal amenazaba el mundo occidental: el SIDA y el VIH. Existía la necesitad de calificar y entrenar especialistas preparados para prevenir el VIH y el SIDA. ¿Qué se podía hacer con una enfermedad mortal que no tenía cura?

Los especialistas de la línea más dura querían confinar las personas infectadas por el VIH en campos de cuarentena o situarlos en una isla aislada, una estrategia de la Edad Media para proteger la población contra la plaga. Pero había una alternativa elegante y mucho más humana: la utilización del preservativo y la educación de las personas en medidas de protección con la finalidad de prevenir la infección del VIH.

Este resultó ser un hito que orientaría la Promoción de la Salud en Alemania y el nacimiento de una fuerte comunidad homosexual. Teniendo en cuenta que la Promoción de la Salud se define como “el proceso que permite a las personas ganar control sobre los determinantes de la salud, y por tanto, mejorar su salud con la finalidad de capacitarlos para una vida activa y productiva”, es obvio que las estrategias de exclusión son erróneas.

Desde la perspectiva de los derechos humanos la inclusión tiene una importancia primordial y se considera un indicador de evidencia para todas las actividades de Promoción de la Salud. Esta es para mí la verdadera Promoción de la Salud, el nuevo objetivo de la salud pública, y no exclusivamente para prevenir la enfermedad o promover la salud.

“Para dar un nuevo significado a la salud pública es necesario la voluntad política de los gobiernos y de las personas en todos los ámbitos de la vida”, Halfdan Mahler (Ottawa 1986).

Cuando empecé mi carrera profesional en el sector de la salud, el hecho de no estar calificado como Doctor en Medicina supuso probablemente una ventaja profesional y un beneficio. Mi formación como socioeconomista me previno de caer en esta limitada concepción de la enfermedad y de la salud como ausencia de enfermedad. Mi reto era siempre una mejor calidad de vida para todos.

Hoy, 25 años más tarde, las cosas son mucho más claras. Las desigualdades en salud han incrementado dramáticamente en la mayor parte de las sociedades y el giro económico en todas las políticas, disimulado por la evidencia, ha incluso empeorado para las personas pobres, las clases sociales bajas y está también afectando las clases medias.

Los conceptos clave de la Carta de Ottawa “Advocate”, “Enable” y “Mediate” - al español “promover”, “dotar” e “intervenir”-, continúan siendo para mi prerequisitos básicos para mejorar la salud. La promoción de la salud no trata de enseñar o educar a las personas para que se mantengan sanas. "La salud no es algo que simplemente se puede hacer o producir" (Hans Georg Gadamer, 1996), pero este parece ser aún hoy la directriz de las principales actividades de Promoció de la Salud.

La salud es el recurso, un activo que las personas tienen y la Promoción de la Salud es descubrir todos estos potenciales de las personas y facilitar que florezcan. Este es el sentido del apoderamiento.

El apoderamiento es según Rappaport, Wallerstein e Israel y al. un recurso personal de cada individuo que se puede describir como un constructo multinivel basado en las experiencias de las personas y su participación activa en el contexto social local a lo largo de la vida.

El apoderamiento es conocimiento basado en la acción que las personas tienen o pueden adquirir si se dan cuenta de que son capaces de controlar y dominar sus vidas y participar en cualquier actividad social, cultural o política en la que quieran tomar parte. El aspecto clave para desarrollar el apoderamiento es el respeto. Esto quiere decir respetar a las personas como a seres humanos, sin importar quiénes son y como son y aceptar su decisión para vivir sus vidas, como lo quieran hacer. El apoderamiento se experimenta mientras las personas interactúan con respeto mutuo.

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