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abr.
03
2018

Posted 3 years 113 days ago ago by M. ISABEL AREVALO MASERO


Marta Suárez
Asociación Transitando - Universidad del País Vasco/Euskal Herriko Unibertsitatea


Según los escenarios de cambio climático para España [1] en general se espera un aumento de las temperaturas y del número y duración de las olas de calor, y una disminución de las precipitaciones. Estos efectos ya se están haciendo notar en nuestras ciudades, con graves consecuencias para el bienestar y la salud de las personas. El fenómeno más preocupante en términos de salud en las ciudades españolas es el de las olas de calor. Las altas temperaturas provocan, fundamentalmente, estrés cardiovascular, que puede traducirse en un incremento de las tasas de infarto y muerte prematura [2]. Prueba de la relación entre las olas de calor y el incremento de las tasas de mortalidad son las 80.000 muertes que provocó la ola de calor que sufrió Europa en el verano de 2003 [3].

Estas olas de calor se ven acrecentadas en las áreas urbanas por el efecto isla de calor, término que hace referencia a las mayores temperaturas que se registran en las ciudades en relación a las áreas rurales circundantes, y que está influenciado por los usos del suelo y las diferentes tipologías urbanas (diferencias entre zonas expuestas al sol y las sombras creadas por los edificios, materiales presentes en el entramado urbano, densidad edificatoria, presencia de zonas verdes y arbolado urbano…). Por ello, en una misma ciudad podemos encontrar barrios, que por sus características urbanísticas (pero también socioeconómicas), son más vulnerables a los episodios de olas de calor. Valga como ejemplo, que durante la misma ola de calor que asoló Europa en 2003, en la ciudad de Madrid se registró una tasa de mortalidad un 40% superior a la registrada en fechas similares, localizándose la mayoría de estas muertes en aquellas zonas donde la intensidad de la ola de calor fue máxima [4].

Por todo ello, no es sólo necesario acometer medidas de mitigación del cambio climático, sino también de desarrollar medidas de adaptación en las áreas urbanas. Una planificación adecuada de las zonas verdes y el arbolado urbano, incorporando lo que actualmente se conoce como soluciones basadas en la naturaleza, es indispensable en cualquier plan urbano de adaptación al cambio climático.

El arbolado urbano ofrece una serie de servicios ecosistèmics que contribuyen a la mitigación y adaptación al cambio climático. A la mitigación porque funciona como sumidero de CO2. A la adaptación, porque a través de la sombra que proporciona y de la evapotranspiración ayuda a regular el clima local reduciendo el impacto e intensidad de las olas de calor. Pero los beneficios que obtenemos de la vegetación no solo se reducen a minimizar los efectos del cambio climático sobre la salud de la población, sino que además ofrecen múltiples servicios de regulación, como la reducción de la contaminación atmosférica, del ruido o de la escorrentía superficial en periodos de lluvia; y servicios que denominamos culturales, como los beneficios estéticos o los de recreación, que también tienen una relación directa con salud física y mental de las personas.

Estas soluciones basadas en la naturaleza ya están siendo reconocidas por los ayuntamientos de diversas ciudades e introducidas en planes de adaptación al cambio climático. Tal es el caso de Nueva York [5], donde se ha realizado un exhaustivo inventario del arbolado urbano y se ha evaluado su contribución a la mitigación y adaptación al cambio climático y a la regulación de la calidad del aire; y de Madrid, con su proyecto Madrid + Natural [6], cuyo objetivo es desarrollar estrategias de adaptación al cambio climático basadas en la naturaleza.

 

Bibliografía

[1] Morata, A. (2014). Guía de escenarios regionalizados de cambio climático sobre España a partir de los resultados del IPCC-AR4. Ministerio de Agricultura, Alimentación y Medio Ambiente. Agencia Española de Meteorología. Madrid.
[2] O’Neill, M. S., y Ebi, K. L. (2009). Temperature extremes and health: Impacts of climate variability and change in the United States. Journal of Occupational and Environmental Medicine, 51(1), 13–25.
[3] Wolf, T., y McGregor, G. (2013). The development of a heat wave vulnerability index for London, United Kingdom. Weather and Climate Extremes, 1(August 2003), 59–68.
[4] Fernández, F., Rasilla, D., y Allende, F. (2013). La isla de calor en Madrid durante los períodos cálidos: evaluación de impactos y propuestas de actuación. En J. Vinuesa, D. Porras, J. M. de la Riva, y F. Fernández, Reflexiones a propósito de la revisión del Plan General de Madrid (pp. 229-254). Madrid: Grupo TRyS, Universidad Autónoma de Madrid.
[5] New York City Department of Parks and Recreation. Trees Count! 2015. Disponible en: https://www.nycgovparks.org/trees/treescount
[6] Ayuntamiento de Madrid. Madrid + Natural. Disponible en: http://www.madrid.es/portales/munimadrid/es/Inicio/El-Ayuntamiento/Medio-ambiente/Energia-y-cambio-climatico?vgnextfmt=default&vgnextoid=0ca36936042fc310VgnVCM1000000b205a0aRCRD&vgnextchannel=4b3a171c30036010VgnVCM100000dc0ca8c0RCRD&idCapitulo=8617429


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G. del Pozo, J. ¿Cómo sería una respuesta comunitaria al coronavirus?

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Padilla J. ¿A quién vamos a dejar morir? Madrid: Capitán Swing; 2019. 176 p.


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Editorial

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03
2018

Posted 3 years 113 days ago ago by M. ISABEL AREVALO MASERO


Marta Suárez
Asociación Transitando - Universidad del País Vasco/Euskal Herriko Unibertsitatea


Según los escenarios de cambio climático para España [1] en general se espera un aumento de las temperaturas y del número y duración de las olas de calor, y una disminución de las precipitaciones. Estos efectos ya se están haciendo notar en nuestras ciudades, con graves consecuencias para el bienestar y la salud de las personas. El fenómeno más preocupante en términos de salud en las ciudades españolas es el de las olas de calor. Las altas temperaturas provocan, fundamentalmente, estrés cardiovascular, que puede traducirse en un incremento de las tasas de infarto y muerte prematura [2]. Prueba de la relación entre las olas de calor y el incremento de las tasas de mortalidad son las 80.000 muertes que provocó la ola de calor que sufrió Europa en el verano de 2003 [3].

Estas olas de calor se ven acrecentadas en las áreas urbanas por el efecto isla de calor, término que hace referencia a las mayores temperaturas que se registran en las ciudades en relación a las áreas rurales circundantes, y que está influenciado por los usos del suelo y las diferentes tipologías urbanas (diferencias entre zonas expuestas al sol y las sombras creadas por los edificios, materiales presentes en el entramado urbano, densidad edificatoria, presencia de zonas verdes y arbolado urbano…). Por ello, en una misma ciudad podemos encontrar barrios, que por sus características urbanísticas (pero también socioeconómicas), son más vulnerables a los episodios de olas de calor. Valga como ejemplo, que durante la misma ola de calor que asoló Europa en 2003, en la ciudad de Madrid se registró una tasa de mortalidad un 40% superior a la registrada en fechas similares, localizándose la mayoría de estas muertes en aquellas zonas donde la intensidad de la ola de calor fue máxima [4].

Por todo ello, no es sólo necesario acometer medidas de mitigación del cambio climático, sino también de desarrollar medidas de adaptación en las áreas urbanas. Una planificación adecuada de las zonas verdes y el arbolado urbano, incorporando lo que actualmente se conoce como soluciones basadas en la naturaleza, es indispensable en cualquier plan urbano de adaptación al cambio climático.

El arbolado urbano ofrece una serie de servicios ecosistèmics que contribuyen a la mitigación y adaptación al cambio climático. A la mitigación porque funciona como sumidero de CO2. A la adaptación, porque a través de la sombra que proporciona y de la evapotranspiración ayuda a regular el clima local reduciendo el impacto e intensidad de las olas de calor. Pero los beneficios que obtenemos de la vegetación no solo se reducen a minimizar los efectos del cambio climático sobre la salud de la población, sino que además ofrecen múltiples servicios de regulación, como la reducción de la contaminación atmosférica, del ruido o de la escorrentía superficial en periodos de lluvia; y servicios que denominamos culturales, como los beneficios estéticos o los de recreación, que también tienen una relación directa con salud física y mental de las personas.

Estas soluciones basadas en la naturaleza ya están siendo reconocidas por los ayuntamientos de diversas ciudades e introducidas en planes de adaptación al cambio climático. Tal es el caso de Nueva York [5], donde se ha realizado un exhaustivo inventario del arbolado urbano y se ha evaluado su contribución a la mitigación y adaptación al cambio climático y a la regulación de la calidad del aire; y de Madrid, con su proyecto Madrid + Natural [6], cuyo objetivo es desarrollar estrategias de adaptación al cambio climático basadas en la naturaleza.

 

Bibliografía

[1] Morata, A. (2014). Guía de escenarios regionalizados de cambio climático sobre España a partir de los resultados del IPCC-AR4. Ministerio de Agricultura, Alimentación y Medio Ambiente. Agencia Española de Meteorología. Madrid.
[2] O’Neill, M. S., y Ebi, K. L. (2009). Temperature extremes and health: Impacts of climate variability and change in the United States. Journal of Occupational and Environmental Medicine, 51(1), 13–25.
[3] Wolf, T., y McGregor, G. (2013). The development of a heat wave vulnerability index for London, United Kingdom. Weather and Climate Extremes, 1(August 2003), 59–68.
[4] Fernández, F., Rasilla, D., y Allende, F. (2013). La isla de calor en Madrid durante los períodos cálidos: evaluación de impactos y propuestas de actuación. En J. Vinuesa, D. Porras, J. M. de la Riva, y F. Fernández, Reflexiones a propósito de la revisión del Plan General de Madrid (pp. 229-254). Madrid: Grupo TRyS, Universidad Autónoma de Madrid.
[5] New York City Department of Parks and Recreation. Trees Count! 2015. Disponible en: https://www.nycgovparks.org/trees/treescount
[6] Ayuntamiento de Madrid. Madrid + Natural. Disponible en: http://www.madrid.es/portales/munimadrid/es/Inicio/El-Ayuntamiento/Medio-ambiente/Energia-y-cambio-climatico?vgnextfmt=default&vgnextoid=0ca36936042fc310VgnVCM1000000b205a0aRCRD&vgnextchannel=4b3a171c30036010VgnVCM100000dc0ca8c0RCRD&idCapitulo=8617429


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Según los escenarios de cambio climático para España [1] en general se espera un aumento de las temperaturas y del número y duración de las olas de calor, y una disminución de las precipitaciones. Estos efectos ya se están haciendo notar en nuestras ciudades, con graves consecuencias para el bienestar y la salud de las personas. El fenómeno más preocupante en términos de salud en las ciudades españolas es el de las olas de calor. Las altas temperaturas provocan, fundamentalmente, estrés cardiovascular, que puede traducirse en un incremento de las tasas de infarto y muerte prematura [2]. Prueba de la relación entre las olas de calor y el incremento de las tasas de mortalidad son las 80.000 muertes que provocó la ola de calor que sufrió Europa en el verano de 2003 [3].

Estas olas de calor se ven acrecentadas en las áreas urbanas por el efecto isla de calor, término que hace referencia a las mayores temperaturas que se registran en las ciudades en relación a las áreas rurales circundantes, y que está influenciado por los usos del suelo y las diferentes tipologías urbanas (diferencias entre zonas expuestas al sol y las sombras creadas por los edificios, materiales presentes en el entramado urbano, densidad edificatoria, presencia de zonas verdes y arbolado urbano…). Por ello, en una misma ciudad podemos encontrar barrios, que por sus características urbanísticas (pero también socioeconómicas), son más vulnerables a los episodios de olas de calor. Valga como ejemplo, que durante la misma ola de calor que asoló Europa en 2003, en la ciudad de Madrid se registró una tasa de mortalidad un 40% superior a la registrada en fechas similares, localizándose la mayoría de estas muertes en aquellas zonas donde la intensidad de la ola de calor fue máxima [4].

Por todo ello, no es sólo necesario acometer medidas de mitigación del cambio climático, sino también de desarrollar medidas de adaptación en las áreas urbanas. Una planificación adecuada de las zonas verdes y el arbolado urbano, incorporando lo que actualmente se conoce como soluciones basadas en la naturaleza, es indispensable en cualquier plan urbano de adaptación al cambio climático.

El arbolado urbano ofrece una serie de servicios ecosistèmics que contribuyen a la mitigación y adaptación al cambio climático. A la mitigación porque funciona como sumidero de CO2. A la adaptación, porque a través de la sombra que proporciona y de la evapotranspiración ayuda a regular el clima local reduciendo el impacto e intensidad de las olas de calor. Pero los beneficios que obtenemos de la vegetación no solo se reducen a minimizar los efectos del cambio climático sobre la salud de la población, sino que además ofrecen múltiples servicios de regulación, como la reducción de la contaminación atmosférica, del ruido o de la escorrentía superficial en periodos de lluvia; y servicios que denominamos culturales, como los beneficios estéticos o los de recreación, que también tienen una relación directa con salud física y mental de las personas.

Estas soluciones basadas en la naturaleza ya están siendo reconocidas por los ayuntamientos de diversas ciudades e introducidas en planes de adaptación al cambio climático. Tal es el caso de Nueva York [5], donde se ha realizado un exhaustivo inventario del arbolado urbano y se ha evaluado su contribución a la mitigación y adaptación al cambio climático y a la regulación de la calidad del aire; y de Madrid, con su proyecto Madrid + Natural [6], cuyo objetivo es desarrollar estrategias de adaptación al cambio climático basadas en la naturaleza.

 

Bibliografía

[1] Morata, A. (2014). Guía de escenarios regionalizados de cambio climático sobre España a partir de los resultados del IPCC-AR4. Ministerio de Agricultura, Alimentación y Medio Ambiente. Agencia Española de Meteorología. Madrid.
[2] O’Neill, M. S., y Ebi, K. L. (2009). Temperature extremes and health: Impacts of climate variability and change in the United States. Journal of Occupational and Environmental Medicine, 51(1), 13–25.
[3] Wolf, T., y McGregor, G. (2013). The development of a heat wave vulnerability index for London, United Kingdom. Weather and Climate Extremes, 1(August 2003), 59–68.
[4] Fernández, F., Rasilla, D., y Allende, F. (2013). La isla de calor en Madrid durante los períodos cálidos: evaluación de impactos y propuestas de actuación. En J. Vinuesa, D. Porras, J. M. de la Riva, y F. Fernández, Reflexiones a propósito de la revisión del Plan General de Madrid (pp. 229-254). Madrid: Grupo TRyS, Universidad Autónoma de Madrid.
[5] New York City Department of Parks and Recreation. Trees Count! 2015. Disponible en: https://www.nycgovparks.org/trees/treescount
[6] Ayuntamiento de Madrid. Madrid + Natural. Disponible en: http://www.madrid.es/portales/munimadrid/es/Inicio/El-Ayuntamiento/Medio-ambiente/Energia-y-cambio-climatico?vgnextfmt=default&vgnextoid=0ca36936042fc310VgnVCM1000000b205a0aRCRD&vgnextchannel=4b3a171c30036010VgnVCM100000dc0ca8c0RCRD&idCapitulo=8617429



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